Huellas de los deseos libres

Presentación del Libro de Feministas Lúcidas (1)

El concepto de género, dice María Milagros Rivera Garretas, autora en la que encuentro mucha medida en el último tiempo, es un ejemplo del duplicar la realidad, del duplicar la obra materna, para apropiársela, “con el fin de olvidarla, de dejarla sin existencia simbólica”; operación, por lo demás, fundacional del patriarcado. La obra materna es el cuerpo y la palabra de manera indisoluble, aunque no sean lo mismo. Entonces, el concepto de género es un ejemplo del duplicar el cuerpo, la diferencia sexual. Me quedo pensando en este duplicar la realidad que dice la autora. Y creo que así como el concepto de género es un ejemplo del duplicar el cuerpo, el concepto de lengua (a veces le agregamos, las feministas, el adjetivo de androcéntrica) es un ejemplo del duplicar la lengua materna: los conceptos de género y lengua, en el conocimiento con poder, son ejemplos del duplicar y separar la unidad indisoluble, del cuerpo y la palabra, de la que es autora la madre. Me recuerda, espontáneamente, lo que Mary Daly llama “el primer plano superficial de los padres”, habiendo un “trasfondo”.

Pienso en la política de las mujeres y pienso, también, en la otra política, en la política con poder: cómo se quedan dando vueltas en este duplicar la realidad, en el primer plano superficial de los padres, con las “herramientas del amo”, las ideologías, los cánones de la vaginalidad cuando las mujeres (feministas o no) no abandonan, por nada, el referente masculino. Cómo restauran la obra duplicada, por suerte ya puesta al descubierto a vista y paciencia, y ya no con el grado de peligrosidad de antaño o de hace unas pocas décadas atrás, porque hoy la experiencia clitórica de las mujeres está mucho más presente, visible y decible (2). En cambio, la política de las mujeres, que es la práctica de la relación, recupera la lengua materna y el orden simbólico de la madre, “enfrenta momento a momento (la duplicación de la realidad) para no quedarse atrapada en ella”, porque no hay sentido libre de ser mujeres allí. No es una política sin obstáculos ni dificultades (“nadie dijo que sería fácil”), pero tampoco queremos “la paz de los cementerios”, porque el conflicto relacional le da vida a la política de las mujeres también. Y será relacional mientras exista política de las mujeres, precisamente, pues, si se transforma en un conflicto destructivo, vivido en el sentir crudo, dándole cabida al “mal sagrado” de la envidia entre mujeres, incapaz de hacer simbólico, o sea, a la medida de los hombres, es porque predominan las acciones de la política con poder, de la política masculina, en el espacio. O bien, varias de las mujeres vaginales (mujeres lesbianas o no), que conforman el espacio, no pueden, o no quieren, independizarse simbólicamente de dichas prácticas (3).

El libro que presentamos hoy las Feministas Lúcidas es resultado de la política de las mujeres, de la práctica de la relación que nosotras realizamos, porque contiene los textos de lo que llamamos la Primera Temporada del Club de Lectura Feministas Lúcidas, correspondiente al segundo semestre del año 2014, además de nuestras propias creaciones; y esta instancia política ha significado encontrarnos, sistemáticamente, para sentir, pensar, hablar y estar en relación entre nosotras y con las autoras a las que les otorgamos autoridad, de augere, que significa “hacer crecer”, “dar auge”. Son autoras que nos dan auge, estructura simbólica, para el hallazgo, finalmente, de nosotras mismas: resorte fundamental para la libertad femenina (4). El libro da cuenta del encuentro con el feminismo radical de la diferencia, y es el primero de la serie que hemos titulado Huellas de los Deseos Libres. Contiene textos de Adrienne Rich, Audre Lorde y Virginia Woolf. Las tres son autoras de las grandes, es decir, cuyo sentido visionario sobre el mundo y las relaciones atraviesa épocas, clases sociales y lugares geográficos. De esto se trata el sentido libre de ser mujer cuando toma existencia simbólica, un sentido que no se deja atrapar por las dicotomías académicas ni sus antinomias del pensamiento. En los años siguientes al 2014, fuimos al encuentro del feminismo radical y el feminismo autónomo latinoamericano. Actualmente, estamos viviendo el encuentro con el pensamiento de la diferencia sexual. Todos, espero, libros aún pendientes. Nuestro deseo es convidarles estas huellas impresas de sentido libre de ser mujeres, que orientan nuestros pasos en el fin del patriarcado, donde la violencia de tantos hombres contra las mujeres pone en evidencia, cada vez más, la miseria masculina. La figura del fin del patriarcado fue descubierta por las mujeres de la Librería de Milán el año 1994, y a mí me gusta mucho por la eficacia política que tiene.

El fin del patriarcado va de la mano de la independencia simbólica de algunas mujeres, de su libertad femenina, la que se ha recuperado gracias al movimiento de mujeres del último tercio del siglo XX; y consiste en que algunas les dejamos de dar valor y crédito, en nuestras vidas y en nuestras mentes, a los patriarcas, a sus opiniones, a su lenguaje, a sus ideologías e instituciones, y esto los ha dejado al descubierto, sin protección ante nuestras miradas, pudiendo ser nombrados como el prostituyente, el golpeador, el violador, el abusador… Ellos han reaccionado, con más violencia que antes, con más crueldad y descaro, torturando y matando, porque no soportan, la libertad de las mujeres. Es, en definitiva, el fin de su contrato sexual (5), el acuerdo violento y tácito entre hombres que practican la heterosexualidad, que atraviesa latente la civilización, para disponer del cuerpo de las mujeres y sus frutos: acuerdo que le da origen al patriarcado. ¿Por qué es, en definitiva, el fin del contrato sexual?, porque la pérdida de crédito del patriarcado, en la vida de algunas, bastantes, mujeres se concreta en que somos, cada vez más, las que, a la heterosexualidad obligatoria, a la maternidad obligatoria, al matrimonio y a los papeles consagrados de la familia, les decimos no, desde las entrañas, recuperando nuestros cuerpos y sus frutos para nosotras. Por extensión, tampoco les damos crédito al estado, al derecho, al ejército, a la iglesia y a la academia. Esta revolución simbólica llevada a cabo por las mujeres, que ha llevado a su fin el régimen simbólico patriarcal, es urgente que ahora lleve a término su régimen social. Aprovechémonos de este momento histórico de crisis, de fin de civilización, crucial para la radicalidad femenina, para que todas las crueldades e injusticias, que la miseria masculina ha derramado por lo ancho y largo del planeta, lleguen a ser impensables (6).

Este libro, en este sentido, es apenas una huella, pero una huella que dibuja por dentro –como líneas de las manos– la medida del mundo. Audre Lorde invita a explorar la oscuridad vetusta del interior de nosotras mismas para sacar a la luz del sol nuestro sentir vuelto poesía. Las mujeres le debemos a Adrienne Rich el acierto maravilloso de haber puesto en palabras la existencia lesbiana, así como a su contraparte, el régimen político de la heterosexualidad obligatoria, y cómo este reproduce, con múltiples estratagemas y con la colaboración de todas las otras instituciones patriarcales, el contrato sexual. La genia de Virginia Woolf nos revela la gran visión del cuarto propio, la necesaria independencia económica y, sobre todo, simbólica y genealógica, que toda mujer requiere para crear. ¿No son, acaso, medida del mundo? Y, lo más importante, en la huella, también se dibuja nuestras propias voces, en el instante mismo, en que cada una, desde su singularidad y disparidad, realiza sus descubrimientos, hallazgos de sentido y vida. “Recorran las páginas con placer, porque están hechas con amor y lucidez”.

Santiago, 6 de julio de 2019


NOTAS:

(1) Huellas de los deseos libres: al encuentro del Feminismo radical de la diferencia.

(2) La mujer clitórica y la mujer vaginal es un descubrimiento de Carla Lonzi del año 1970. Tiene que ver con experimentar, o no, la independencia simbólica del patriarcado, partiendo por descolonizarnos, las mujeres, física y psíquicamente del coito heterosexual y el placer masculino, asumido como propio.

(3) Los dos primeros párrafos del presente texto están escritos en diálogo con los textos de María Milagros Rivera Garretas, Carla Lonzi, Mary Daly y Audre Lorde. El orden simbólico de la madre se lo debemos a la filósofa italiana Luisa Muraro.

(4) Figura descubierta por la jurista de la diferencia sexual, Lia Cigarini, para referirse a la libertad relacional, experiencia vivida más por mujeres que por hombres.

(5) Tesis doctoral de Carole Pateman en 1984.

(6) “Ayer el Tribunal Supremo español dictó contra los violadores de La Manada (Sanfermines, 2016) una decisiva sentencia condenatoria que sienta jurisprudencia sobre la violencia de tantos hombres contra las mujeres, y que gran parte de la población hemos sentido que hace justicia dentro de los límites de la justicia legal, ya que solo hará Justicia la desaparición de esos delitos cuando los volvamos, por fin, impensables.” (María Milagros Rivera Garretas, 2019: http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/244/).

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