Las radicales del afuera en 18 enunciados

Estar dispuestas a pensar desde la radicalidad implica ponerlo todo en cuestión, porque el étimo de radical es raíz, tiene que ver con la profundidad, con el pensar en profundidad, y eso nos lleva necesariamente -desde los cimientos- a relacionar todo con todo (la práctica amorosa basada en el dominio tiene que ver con los dos mil millones de personas en hambre en el mundo) y precipitar el desmontaje de esta civilización patriarcal, que está a la base tanto del capitalismo o el neoliberalismo como del socialismo u otros ensayos desde las izquierdas.

Por eso, mucho más que el marxismo, el anarquismo, el punkismo, el queer, o lo que fuere, el feminismo radical de la diferencia –corriente de pensamiento en la que nos reconocemos- es de las escasas (si no la única) propuesta político-filosófica en el mundo que apuesta por una real transformación civilizatoria. El conocimiento de esta tendencia se ha construido desde la experiencia histórica y vital de las mujeres; es un saber encarnado. Las mujeres para comenzar a pensar debemos recuperar nuestros cuerpos, expropiados históricamente por el patriarcado. Las que lo han hecho han llegado a reflexiones como las que siguen, y que por ahora solo menciono a modo de “titulares”.

Estas ideas -que son parte de un trabajo teórico sistemático y de una praxis política con costos concretos para las mujeres que se han comprometido con este pensar el mundo desde otro lugar y desde una dimensión civilizatoria- las desprendo de mis lecturas de pensadoras radicales como Margarita Pisano (querida y cercana, con quien me he formado en este hacer política “desde la otra esquina”), Adrienne Rich, Carla Lonzi, Virginia Woolf, Sheila Jeffreys, Kate Millet, las mujeres de la Rivolta Femminiles (donde participaba la Lonzi), las Cómplices latinoamericanas, las mujeres de la Librería de Milán (por lo menos hasta los ochenta hacen aportes valiosos), Victoria Sendón de León (con Más Allá de Itaca), María Milagros Rivera (con Pensar el Mundo en Femenino), Shulamith Firestone y su dialéctica entre los sexos, entre otras.

Aquí van:

  1. Vivimos en una civilización patriarcal que tuvo fecha de inicio y debe tener urgentemente fecha de término, lleva 4000 años por lo menos.
  2. Es una civilización fracasada. Es la civilización de los creyentes, incluidos los convencidamente laicos. (Este es uno de los últimos planteos de Margarita Pisano).
  3. La resistencia y rebeldía de las mujeres han sido milenarias.
  4. Las mujeres no existimos en esta civilización, solo existe la feminidad, y la feminidad no somos las mujeres.
  5. Los hombres definieron la feminidad y su propia masculinidad. Se definieron y nos definieron: en la literatura, la mitología, la historia, la ciencia, la filosofía, las religiones, la lengua…
  6. Las mujeres aman/admiran a los hombres y no a las mujeres.
  7. Los hombres aman/admiran a los hombres y no a las mujeres.
  8. En esto consiste la profundidad de la misoginia: las mujeres no nos amamos a nosotras mismas.
  9. La dominación de las mujeres es la más naturalizada de todas y es fundante, originaria, primaria. Se naturaliza a través del amor romántico y la heterosexualidad obligatoria (Shulamith Firestone y Adrienne Rich).
  10. A partir de este fundamento se construyen todas las otras dominaciones. Es decir, la misoginia atraviesa lo íntimo, privado, público e histórico; y también la clase, la raza, la edad, la etnia…
  11. La salida política es salirnos de la feminidad y de la masculinidad, considerando que este es un monomio, en el que la feminidad está incluida en la masculinidad (Margarita Pisano). Por eso, la salida política es radicalizar la exclusión, situarnos afuera, y no demandar inclusión de ninguna especie.
  12. La salida material es dejar de “servir” a los hombres, emocional, sexual e ideológicamente. Esto del servicio ideológico es fundamental: ¡OJO con la posmodernidad!
  13. Las relaciones humanas tienen que ser horizontales y dialógicas, no igualitarias.
  14. Los hombres históricamente al autodefinirse, rediseñarse, modernizarse y, sobre todo, renovarse y reciclarse, se dejaron para sí mismos las capacidades de lo humano, sobre todo el pensar y el crear.
  15. Estas capacidades humanas las envolvieron con una ideología de dominio, basada en la idea de un ser superior.
  16. Las mujeres para pensar debemos hacer nuestras estas capacidades y desmontarles toda esa ideología de superioridad, ideología de creyentes/obedientes.
  17. Con este acto, romperemos con la feminidad, porque esta se resume en el despojo del pensar. Y comenzaremos a amarnos-respetarnos entre nosotras y a nosotras mismas.
  18. La igualdad es el ropaje con el que se disfraza hoy la inferioridad de las mujeres (Carla Lonzi). Las mujeres no queremos pertenecer a una civilización fracasada.

En consecuencia, es necesario pensar en un hacer política desde otra lógica: abandonar la demanda que solo remoza el fracaso civilizatorio en el que estamos. Los movimientos políticos deben ser pensantes, no demandantes, y dejar de correr tras las necesidades del sistema para parcharle sus crisis. La denuncia debe ir más allá de la “funa”, debe tener detrás una propuesta civilizatoria.

Hoy, necesitamos hacer política con menos calle y menos activismo reaccionario, vacío de contenido y ciego a la existencia de un patriarcado: solo ve fascismo y neoliberalismo (que son expresiones agudas del patriarcado). El hacer política debe consistir en la construcción de un referente discursivo otro, en la recuperación de la palabra encarnada, escrita y hablada, para el intercambio ideológico, la confrontación de ideas. Así, iremos construyendo y ensayando otros modos de relacionarnos, con otra ética. Al mismo tiempo, las mujeres pensantes (uso “pensantes” con el significado que defino en el segundo párrafo de este texto) necesitamos escribir nuestra historia y construir intertextos propios. En este sentido, el afuera es un espacio de creación, contrario al anquilosamiento académico.

Esto, para comenzar a ponernos de acuerdo.

2012

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